El Odio Histórico a los Inmigrantes, en la Nación de Inmigrantes

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Inmigrantes detenidos en la Ellis Island, Nueva York, esperando ser deportados, 1902. Foto: The Maltine Company / Library of Congress

Sí hoy en día los estadounidenses están avergonzados de las políticas anti-inmigrantes extremistas del presidente Trump y su gobierno, esto no les debería sorprender sí conocieran que la historia del odio hacia los recién llegados tiene un pasado en su propia historia.

Un joven inmigrante polaco en los campos, cerca de Baltimore, Maryland, en 1909. Foto: Lewis Wickes Hine / Library of Congress

Celia Wexler y DonkeyHotey
Mis antepasados, y probablemente el suyo, vinieron a los Estados Unidos desde algún otro lugar en el mundo.
Mis abuelos llegaron en una de las grandes olas de inmigración de la historia: Más de 15 millones (en gran parte de Italia, Polonia, Hungría y Rusia), llegaron entre 1900 y 1915.
En su mayoría eran personas que escapaban de la persecución, la violencia y el hambre. Gente que creía que este país podía darles una segunda oportunidad, en línea con la promesa, articulada en la Declaración de Independencia, de que todos “somos creados iguales,…dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables…la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
La mayoría de los que llegaron aquí tenían poca educación y pocas habilidades. Sin embargo, en 1902, el presidente republicano Teddy Roosevelt le pidió a los líderes religiosos que ayudaran a estos recién llegados.
“[Tenemos] el deber… de cuidar a nuestros hermanos que vienen cada año desde el extranjero a nuestras costas”, dijo Roosevelt. “Siento que deberíamos cuidarlos, debido a nuestra propia historia, porque nosotros o nuestros padres vinimos aquí en condiciones similares”.
Pero si Estados Unidos ha sido un faro para los inmigrantes, también ha fomentado la hostilidad anti-inmigrante.

Manuel Sousa y su familia en New Bedford, Massachusetts, 1912. Foto: Lewis Wickes Hine / Library of Congress

Liga de Restricción de Inmigrantes
No pasó mucho tiempo para que comenzara la reacción violenta. Los inmigrantes más antiguos de Alemania, Inglaterra e Irlanda, estaban alarmados por las oleadas de nuevas personas. En 1894, se fundó una Liga de Restricción de Inmigrantes, y pronto tuvo sucursales en varias ciudades grandes de los Estados Unidos.
La Liga no quería permitir en los EE.UU. a nadie que no pudiera leer al menos 40 palabras en cualquier idioma, considerando que esas personas (analfabetas) eran “indeseables” e incapaces de asimilarse. El Congreso intentó reiteradamente de imponer tal restricción, solo para ser bloqueado por el veto presidencial. Pero los legisladores, finalmente, lograron aprobar un requisito de alfabetización en 1917.
Incluso medidas más restrictivas dirigidas a grupos minoritarios específicos ya estaban en marcha. A partir de 1882, con la aprobación de la Ley de Exclusión de China, los inmigrantes chinos se enfrentaron a obstáculos casi insuperables para establecerse en Estados Unidos. Y si podían superar los obstáculos legales, debían registrarse y obtener un certificado de residencia. Los que carecían de dicha documentación fueron deportados.

Inmigrante vendedora de pretzels en la Ciudad de Nueva York, alrededor de 1896. Foto: Alice Austen / Library of Congress

Linchamiento de los inmigrantes
Entre 1890 y 1920, hubo 50 linchamientos documentados de inmigrantes italianos. Se los consideraba extranjeros, criminales y sospechosos. The New York Times editorializó sobre “los sicilianos furtivos y cobardes…que han traído a este país las pasiones sin ley, las prácticas feroces y las sociedades de su país natal vinculadas al juramento” del silencio, llamándolos “una plaga sin cura”. Era una sospecha generalizada de que la mayoría de los italianos pertenecían a bandas criminales o eran terroristas.
En 1902, el mismo año en que Roosevelt instó a la generosidad para con los recién llegados, el Departamento del Tesoro de Roosevelt ordenó que todos los inmigrantes con tuberculosis no pudieran ingresar al país, a pesar de las protestas de los médicos que afirmaban que el temor era muy exagerado, que solo era contagioso bajo ciertas condiciones y que podría ser tratado.

Un inmigrante español se une a la Marina Mercante, 1920. Foto: Lewis Wickes Hine / Library of Congress

El pérfido miedo a los mexicanos
A mediados de la década de 1920, el letrero de “Bienvenida” de Estados Unidos a los inmigrantes del sur y este de Europa había sido retirado oficialmente.
En 1929, temiendo una oleada de inmigrantes mexicanos, dos miembros del Congreso —un republicano que creía en la superioridad de ciertos grupos étnicos y un demócrata supremacista blanco— se asociaron para redactar una ley que hizo que el acto de “ingresar ilegalmente al país” fuera crimen; un delito menor la primera vez, pero un delito grave por un segundo intento. Esa ley ayudó a justificar la decisión del Fiscal General Jeff Sessions de arrestar y detener a los inmigrantes en la frontera y separarlos de sus hijos.
Y, sin embargo, los inmigrantes aún intentan venir a este país. Aunque muchos han perdido la fe en el sueño americano, aquellos que asumen los riesgos no la han perdido. Continúan creyendo que esta es una nación que ofrece libertad y oportunidad, y un refugio seguro en un mundo inestable.

Fuente: https://whowhatwhy.org/2018/07/04/for-these-folks-the-fourth-of-july-is-not-just-a-barbecue/
Traducción: A. Mondragón