La nueva “normalidad” del estado policial para la próxima generación

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El Estado Policial en EE.UU. es la nueva "normalidad" para la generación nacida después del 11 de Septiembre del 2001.

Por Thomas L. Knapp
“Nada”, observó una vez el economista Milton Friedman, “es tan permanente como un programa temporal del gobierno”. Y nada hace que los programas de un gobierno —o, lo que es más importante, los cambios en sus valores fundamentales— sean más permanentes que la pérdida de la memoria colectiva —que sucede en los cambios generacionales.
Muy pronto estaremos llegando a uno de esos grandes momentos. Y eso me preocupa.
El año que viene, la primera generación de estadounidenses que aún no había nacido el 11 de septiembre del 2001, llegará a la mayoría de edad. Se graduarán de la escuela secundaria. Conseguirán trabajos. Y votarán.

Lo que no pueden recordar
Lo que no harán, porque no pueden, es recordar: Recordar que es lo que existía antes de los ataques del 11 de septiembre, o los cambios que tuvieron lugar en la sociedad estadounidense después de esos ataques. No estarán equipados para anhelar mejores días de los que solo han oído hablar de segunda mano, de sus padres y abuelos.
Ellos no podrán recordar que antes uno podía ingresar a un aeropuerto y subirse a un avión sin riesgo de ser víctima de una agresión sexual en público, por parte de los empleados de la Administración de Seguridad del Transporte.

Antes de la “Seguridad Nacional”
No recordarán nada de lo que existía antes de que el Estado de Seguridad Nacional se consolidara bajo una etiqueta abiertamente nacionalista, más apropiada para las aspiraciones de los creadores del estado policial, que ahora todos conocen como el Departamento de Seguridad Nacional.
No recordarán una época en la que las noticias no estaban salpicadas de informes de tropas estadounidenses asesinadas en Afganistán, que Estados Unidos ha ocupado desde antes de que ellos comenzaran a gatear.
No recordarán que la Patrulla Fronteriza de los EE.UU. ya es el doble (20,000 empleados) de lo que era cuando nacieron y cuatro veces más grande que lo era en 1995. O que la agencia de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), aproximadamente del mismo tamaño, no existía y fue creada hasta poco después de que ellos nacieran, para reemplazar al Servicio de Inmigración y Naturalización, que era más pequeño y un menos malévolo que el Darth-Vaderiano ICE.

Lo que era raro o inexistente
No recordarán de que los “puntos de control” policiales que realizan búsquedas inconstitucionales en nombre de detener a los conductores ebrios y evitar el tráfico de drogas, oscilaba entre extremadamente raro o inexistente (y cuando ellos no tenían nada que ver, o muy poco, en la aplicación de la ley de inmigración dentro de las 100 millas desde las costas o las fronteras, que son una “zona libre de la Constitución”), o cuando no había cámaras en cada intersección y estaban dispersas en cada lado para verlos cada vez que salían de sus hogares —a qué hora volvían, o en donde estaban, a través de los GPS o los lectores de placas.
Ellos no podrán recordarán esos días donde había más libertad, porque todos los males que permitimos que el estado nos imponga desde 2001 les parecerán normales. Y de la normalidad sigue la permanencia.
Le hemos fallado a la próxima generación. Esperemos que hagan un mejor trabajo para salvarse a sí mismos de los nosotros hicimos para salvarlos.

Thomas L. Knapp (Twitter: @thomaslknapp) es director y analista senior de noticias en el William Lloyd Garrison Center para Libertarian Advocacy Journalism (thegarrisoncenter.org). Vive y trabaja en el norte de Florida central.

Traducción: A. Mondragón