Un niño de una madre inmigrante que fue separado y adoptado

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El abogado Curtis Woods, a la izquierda, con su cliente, Encarnación Bail Romero, en julio del 2012, minutos después de que un juez del Condado de Greene en Springfield, Missouri, cancelara sus derechos de paternidad del hijo que ella tuvo cinco años antes. Foto: AP

La historia de Carlos, que ahora se llama Jamison Moser, hijo de Encarnación Bail Romero, una inmigrante guatemalteca, es un recuerdo angustioso de lo que está en juego para las familias migrantes separadas.
Shaun King / The Intercept
El martes 10 de julio fue la fecha límite que un tribunal federal estableció para que el gobierno de Trump reúna a las familias migrantes, cuyos hijos menores de 5 años fueron separados por la fuerza de sus padres. Posteriormente, los niños fueron enviados por todo el país con extraños sin más motivo que un castigo cruel e inusual.
Por supuesto, el plazo fijado no se cumplió a cabalidad: el gobierno de Trump le dijo al tribunal que solo había reunificado a 38 de los 102 niños menores de 5 años con sus familias. Y, por supuesto, el gobierno no parece estar preocupado por no cumplir con la orden de un juez. La caótica separación fue diseñada para infundir miedo a los inmigrantes que pueden atreverse a intentar ingresar a este país.

Varios niños no podrán ser reunidos
Las cifras publicadas por el Departamento de Justicia el lunes 9 de julio muestran que, de los 102 niños, muchos de ellos simplemente no pueden ser reunidos con sus padres antes de la fecha límite. ¿Por qué?
La causa es que muchos de estos niños pequeños han sido trasladados a casi 20 estados diferentes y sus padres ya han sido deportados. El gobierno de Trump admitió que ya deportó a nueve padres de los 102 niños más pequeños. Si estos números son válidos para todos los grupos de edad, con aproximadamente 3,000 niños bajo custodia, podríamos concluir razonablemente que los padres y/o madres de 250 de ellos, que están alojados en algún lugar con completos extraños, ya han sido deportados o lo serán.
¿Cómo demonios se supone que esos padres deportados se vuelvan a reunir con sus hijos?
De los otros niños menores de 5 años que han sido separados de sus padres, el gobierno de Trump dijo, abiertamente, que es poco probable que sean reunificados con sus progenitores. Cuatro de esos padres están en cárceles locales, donde la reunificación no es posible. Ocho están bajo custodia en un centro penal federal, donde la reunificación tampoco es posible.

No saben nada de un niño
Y luego, lo impensable: el gobierno de Trump admitió ayer que ni siquiera tiene información sobre los padres de uno de los niños pequeños que han sido separados. ¿Qué edad tiene ese niño? ¿Cómo pasó esto? ¿Este niño tiene parientes o familiares cuyos registros ya fueron destruidos por el gobierno?
Sé que con frecuencia nos sentimos abrumados por las malas noticias en la era de Trump, pero esto no es simplemente una mala noticia —es una catástrofe de los derechos humanos. Y fue completamente evitable.
De los 102 niños más pequeños, de los cuales se tiene los datos más básicos, ahora sabemos que será muy difícil reunificar a 22 de ellos.
¿Qué les sucederá eventualmente a estos niños? Con la crisis de separación familiar aún en curso, es difícil decirlo. Pero hay un caso de hace cinco años que todos deberíamos tener en cuenta como un grave precedente.
Recuerde este nombre: Encarnación Bail Romero.

El caso de un niño que fue adoptado
No hay evidencia de que el gobierno de Trump tenga bajo custodia a los niños separados para su adopción. Sin embargo, en la historia de Bail Romero existe el ejemplo de una madre inmigrante indocumentada atrapada por inmigración y que, como resultado, su hijo fue puesto en adopción.
Algunos de los mismos centros de cuidado de crianza que albergan a estos niños migrantes, también son grandes agencias de adopción. Si bien los proveedores de cuidado de crianza han dejado en claro que los niños migrantes separados no serán adoptados, historias como las de Bail Romero subrayan la seriedad de los temores de las familias migrantes y deberían servir como una advertencia para todos nosotros.
En el 2007, Bail Romero, una inmigrante guatemalteca, fue arrestada en Missouri durante una redada de inmigración. Su pequeño hijo, Carlos, tenía solo 11 meses de edad y fue puesto a cargo de familiares y amigos, hasta que un juez decidió que el niño fuera entregado a la custodia del gobierno y ponerlo en adopción.
Lo que pasó después es completamente inimaginable. Como padre de cinco hijos, tengo que luchar para contener las lágrimas mientras pienso en lo que este gobierno le hizo a Bail Romero.

Le quitaron sus derechos paternales
La familia que recibió a Carlos de manos del gobierno, le cambió su nombre a Jamison Moser, y luego acudió a la “justicia” para que Bail Romero no volviera a verlo nunca más. Y ganó.
Los tribunales declararon que cuando Bail Romero fue encarcelada por una violación de inmigración, ella abandonó a Carlos y perdió sus derechos parentales. Incluso perdió sus derechos de ver a su hijo. Durante años, Bail Romero luchó por recuperar la custodia de Carlos, pero le fue negado en casi todos los frentes. Cuando finalmente apeló a la Corte Suprema de EE.UU., el máximo tribunal se negó a escuchar su caso.
Carlos, quien ahora se llama Jamison Moser, vive con sus padres blancos adoptivos en una zona rural de Missouri.
Bail Romero estaba laborando como una trabajadora agrícola migrante en Missouri. Ella estaba cuidando de su familia. Pero incluso si no lo hubiera estado haciendo, la pobreza y el desempleo no son excusas legítimas para básicamente secuestrar a un hijo, cambiarle el nombre y terminar con los derechos de los padres biológicos.
Si bien la amenaza de adopción de los niños separados no es inmediata, sería ingenuo suponer que decenas —o cientos— de los miles de niños migrantes separados por la fuerza de sus padres, no corren el riesgo de estar en el mismo camino que Carlos, el hijo de Encarnación Bail Romero.

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Fuente: https://theintercept.com/2018/07/11/separated-children-encarnacion-bail-romero/
Traducción: A. Mondragón