Documentos, por favor, para todo lo que hay que hacer para vivir en EE.UU.

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Por Thomas L. Knapp
En una manifestación de campaña en Florida, el pasado 31 de julio, el presidente Donald Trump promovió entre la multitud leyes de identificación de votantes, diciendo que “si sales y quieres comprar comestibles, necesitas un ID. Necesitas identificación”.
Se produjeron burlas en Twitter, sobre todo porque Trump tiene poca experiencia con el mundo real en el que la gente normal, generalmente, no necesita una identificación con foto para comprar leche, pan y la última edición de The National Enquirer en el supermercado local.
Quizás Trump está fuera de contacto con las compras de un supermercado, pero no del todo en cuanto a los ID. Más inquietante que la promoción de leyes para confrontar el fenómeno casi inexistente del fraude electoral, es el grado en que la mayoría de los estadounidenses acepta las actuales normas de identificación, muchas de las cuales ni siquiera existían hace un par de décadas.

Paro casi todo hay que tener un ID
En estos días, es difícil, si no imposible, abordar un avión —o subir a un tren de Amtrak o comprar un boleto de autobús Greyhound— sin mostrar una tarjeta de identificación emitida por el gobierno.
De hecho, usted necesita una licencia de conducir emitida por el gobierno para manejar un automóvil. ¿Prefiere caminar o viajar en el carro de un amigo? En muchos estados, se le exige a los ocupantes de un auto que presenten documentos de identificación a pedido de un agente de policía, sí este alega una “sospecha razonable” de que se ha cometido un delito —incluido el de “merodear”, si de repente estas dando vueltas para hallar una dirección.
Si desea aceptar un trabajo y un empleador desea contratarlo, debe presentar uno o más documentos de identificación emitidos por el gobierno para su presentación a los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de los EE.UU.

Como en la desaparecida Unión Soviética
Sí, también debe presentar documentos de identificación del gobierno para abrir una cuenta bancaria —y demostrar si es ciudadano sí el banco se lo exige posteriormente, como le sucedió hace poco a un cliente del Bank of America.
En las últimas décadas, EE.UU. ha recreado efectivamente el viejo sistema del “pasaporte interno” que existía en la desaparecida Unión Soviética. Sus derechos para moverse, trabajar, conducir sus asuntos financieros y, en general, solo para vivir su vida, están sujetos a la demanda del gobierno de que demuestre su identidad en cualquier momento y por cualquier motivo.
Estados Unidos sobrevivió exactamente un siglo sin nada como “identificación con foto” —la primera vez, tal vez, sucedió en la Exposición del Centenario de 1876 en Filadelfia, donde se requería que todos los expositores y el personal llevaran un “boleto fotográfico” producido por el fotógrafo canadiense William Notman.

Cuando no era necesario un pasaporte
No fue hasta bien entrado el siglo XX que la mayoría de los estadounidenses comenzó a portar una licencia de conducir del gobierno con una fotografía —ni siquiera se necesitaba un pasaporte para ingresar o salir de los EE.UU. hasta después de la Segunda Guerra Mundial— y no fue casi hasta finales de ese siglo que los requisitos de identificación comenzaron a extenderse en cada rincón de nuestras vidas.
De hecho, antes del 11 de septiembre, la mayoría de los “conservadores” se opusieron a la mayoría de los esquemas de identificación nacional por razones de privacidad perfectamente razonables. Su creciente aceptación de un estado de vigilancia que abarca todo, desde la imposición de los estándares de un “REAL ID” en los estados, hasta el reclutamiento de empleadores no remunerados como informantes de la policía migratoria, es un triste indicador de lo lejos que nos hemos alejado del mínimo respeto por la libertad y la intimidad.

El escándalo es que nadie se resiste
El escándalo no es que Trump no sepa que la identificación no es necesaria para comprar comestibles. Es que él, y la mayoría de los políticos de los dos partidos principales, piensan que la identificación debería ser requerida para casi todo. Y que los estadounidenses no se resisten a la idea.

Thomas L. Knapp (Twitter: @thomaslknapp) es director y analista senior de noticias en el William Lloyd Garrison Center para Libertarian Advocacy Journalism (thegarrisoncenter.org). Vive y trabaja en el norte de Florida central.