Falleció George Bush padre, a los 94 años

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Redacción LTH
George Herbert Walker Bush padre —el presidente que paradójicamente, tras la I Guerra del Golfo contra Sadam Hussein en 1991, abrió el derrotero para la posterior y desastrosa intervención militar de EE.UU. en Oriente Medio— falleció el viernes 30 de noviembre por la noche, a los 94 años de edad.
Nacido en el seno de una familia aristocrática de Nueva Inglaterra, Bush padre fue un republicano moderado y pragmático, cuyos cuatros años de mandato en la Casa Blanca (1989-1993) quedaron marcados por las estrategias de política exterior, que navegó con éxito y le concedieron altos niveles de popularidad, pero ante crisis económica doméstica y su falta de carisma le impidieron salir reelegido.
El ex presidente llevaba varios años con problemas de salud, aquejado de la enfermedad de Parkinson. Su esposa, Bárbara, con la que estuvo casado 73 años, había fallecido en abril pasado. Tuvieron seis hijos, entre ellos un expresidente y un precandidato presidencial.

Un representante del establishment
Antes de llegar a la presidencia, George Herbert Walker Bush —quien nació en Milton, Massachusetts, en 1924— había sido de todo en la vida pública: congresista, embajador ante las Naciones Unidas y en China, jefe del Partido Republicano, Director de la CIA, vicepresidente de la era Reagan y luego su sucesor en la presidencia.
Aunque labró su carrera política y empresarial en el estado petrolero de Texas, a donde se había mudado muy joven, él provenía de la Nueva Inglaterra de la derecha moderada y la izquierda exquisita y encarnaba la quintaesencia del hoy denostado establishment. Su padre era un rico empresario del acero, amén de senador y broker en Wall Street, que jugaba a golf con Dwight Eisenhower.

El único presidente Director de la CIA
A los 18 años —como parte de ese guión no escrito en la biografía de varios ex presidentes de antaño, el tipo de político con el que a Estados Unidos le gusta identificarse, un viejo héroe de guerra— Bush padre se enlistó en el Ejército y combatió como piloto en la Segunda Guerra Mundial. Cayó derribado en 1944, pero un submarino lo rescató y pudo regresar con vida y condecorado.
Entonces, con la primera parte del guión cumplido, se graduó en la entonces aristocrática Universidad de Yale y se casó con Bárbara, su novia desde la adolescencia, cuando él tenía 21 años y ella 20. Se mudaron a Texas y comenzó en el negocio del petróleo. Se convirtió en congresista en los años 60’s, para luego ser Director de la CIA —el único presidente de EE.UU. que ha ostentado ese cargo— y en la cúspide de su carrera fue electo presidente en noviembre de 1988.

Abrió el derrotero en Oriente Medio
Si no era cautivador como político, George H. W. Bush sí destacaba por sus habilidades diplomáticas. Su política exterior se concibió siempre desde la realpolitik y combinó la cautela con la fuerza. Firmó con Mijaíl Gorbachov en 1991 el tratado para la reducción de armas nucleares. Y ese mismo año, en la Guerra de Golfo, impulsó una coalición militar de más de una treinta de países que logró expulsar rápidamente a Sadam Hussein de Kuwait en 1991, aunque por prudencia evitó entrar a combatir en Irak y derrocar al dictador.
Pero fue precisamente esa intervención militar en el Golfo Pérsico lo que, años después, fue usado por los neoconservadores —los ideólogos del poderoso complejo de la industria militar/seguridad y de los grandes bancos— para que su hijo, George W. Bush (2001-2009) inicie una guerra de consecuencias desastrosas y aún por cerrar que, en la opinión de varios expertos, ha acelerado el desplome de los EE.UU. como la única superpotencia planetaria —ahora confrontado por la poderosa alianza euroasiática encabezada por China y Rusia.
En Latinoamérica, Bush padre también es recordado por la invasión en Panamá, que comenzó el 20 de diciembre de 1989, con un ataque que duró apenas unas horas y llevó al General Manuel Antonio Noriega, un ex operativo de la CIA, a rendirse en apenas unos días, tras lo cual fue llevado a Estados Unidos y juzgarlo por narcotráfico.

“Es la economía, estúpido”
Durante la época de la Guerra del Golfo, la popularidad de George Bush llegó a rebasar el 80% y recibió el reconocimiento de la oposición, en una época en la que los consensos bipartitos no resultaban tan complicados como ahora. Parecía, de nuevo, el guion de quien está llamado a repetir mandato en la Casa Blanca, pero la recesión económica y el atractivo de un joven candidato demócrata llamado Bill Clinton lo apearon de la presidencia. Aquel famoso mantra de “Es la economía, estúpido”, frase que se atribuye a un asesor del demócrata y que sintetiza el éxito de esa campaña, fue lo que sentenció a Bush padre.
En materia económica, impulsó las negociaciones del gran tratado de libre comercio entre EE.UU., México y Canadá (la antigua Nafta, en sus siglas en inglés), pero fue Clinton quien lo firmó. Y, pese a sus promesas electorales y el credo conservador, se vio obligado a subir los impuestos tras la era de las grandes rebajas impositivas de Reagan, lo que al final le costó la presidencia al perder las elecciones de 1992.

Un estilo de política ya extinto
En las últimas presidenciales, en 2016, el clan Bush dio la espalda a Trump. Otro de los hijos, Jeb, exgobernador de Florida, había partido como precandidato favorito de las primarias republicanas: conjugaba las ventajas de pertenencia a una familia poderosa del republicanismo, con su consiguiente jugosa agenda de donantes y aliados, y su tirón entre un colectivo de votantes cada vez más numeroso, el latino. Pero la reacción al establishment se lo llevó por delante y el trumpismo se impuso con un discurso incendiario del que la saga se desmarcó explícitamente.
Con la victoria de Trump, tras una campaña crispada que partió EE.UU. en dos, se recordó la carta de bienvenida a la Casa Blanca que Bush padre dejó a Bill Clinton al perder las elecciones, como ejemplo de un estilo de política ya extinto. “Habrá momentos duros, más difíciles aún por críticas que puedes considerar injustas, pero no dejes que los críticos te desanimen o te desvíen del camino”, dejó escrito.

Fuente: El País

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