Luka Modric: El niño pastor de ovejas que ganó el Balón de Oro

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Luka Modric como un niño pastor de ovejas.

Hace un cuarto de siglo, los balones no eran de oro. Ni tampoco de marca. Casi ni de reglamento. Pero aquellos balones valían para el pequeño Luka mucho más que los actuales. Eran un refugio antibombas, que a inicios de los 1990’s le dieron la esperanza de sobrevivir a la destrucción de su entonces país, la ahora desaparecida Yugoslavia, que era bombardeada por occidente —al mando de EE.UU.
Fuente: Semana
Ahora es el dueño del Balón de Oro, Luka Modric, un croata de 33 años que desde su escaso 1.72 de estatura ha volado por encima de dos de los mejores de la historia, Cristiano y Messi, para plantarse en el corazón de Francia y llevarse un galardón francés el año en el que la selección francesa fue campeona del mundo. Casi nada.
En una votación entre periodistas internacionales, Modric, finalista de la Copa del Mundo con Croacia y ganador de la Liga de Campeones, se impuso al portugués Cristiano Ronaldo y a los franceses Antoine Griezmann y Kylian Mbappé, que se llevó el premio Kopa al mejor jugador de menos de 21 años.
Que Modric les arrebate el balón de oro a Cristiano Ronaldo y a Lionel Messi quedará en la historia como una de las hazañas más grandes del fútbol contemporáneo. Tanto el portugués, como el argentino, se habían convertido en los indestronables: cada uno ha ganado cinco balones de oro.
Pero en 2018 se les atravesó un croata cuya historia bien podría protagonizar una novela. En las canchas de la ciudad donde nació el 10 del Real Madrid (Zadar) caían granadas en medio de la guerra que se desarrolló en la década del noventa.
Esta es la historia de vida de Modric, el croata que este lunes cambió el rumbo de la historia del fútbol de nuestros tiempos.

Viviendo rodeado de minas
Un letrero con una calavera y un mensaje en croata que traduce “No se acerque a esta área, hay un gran peligro por minas”, sigue todavía puesto en la casa que Luka Modric abandonó cuando tenía 6 años. Modrici, en la división geográfica de Croacia, es como una vereda que lleva el nombre de la familia del jugador, queda a cinco minutos de Obrovac. Apenas hay allí una decena de casitas.
Su padre y abuelo se enlistaron en las filas para combatir en la guerra. Pero el abuelo Luka no volvió a casa, ese fue el detonante para empacar maletas e irse. Hoy la casa está destruida, solo quedan algunas piedras que se mimetizan con el paisaje de montaña rocosa de esa zona de Croacia.
La familia se fue a Zadar, una ciudad costera a cuarenta minutos de Obrovac, y se refugiaron en un hotel de nombre Kolovare, que abandonó sus funciones y se convirtió en un centro para las personas que huían de las bombas.

El balón su único compañero
Luka todos los días agarraba la pelota y se iba al parqueadero a dar balonazos a la pared, hacer jueguitos o practicar disparos. Sin ninguna compañía más que el balón. Y se esa época han surgido imágenes inéditas de su niñez como pastor en Croacia.
Así lo consignó el medio inglés The Sun, al igual que un vídeo del cineasta Pavle Balenovic, quien entre 1989 y 1990 registró una secuencia en la que Modric se ve arreando cabras en Zadar.
Pero volviendo al fútbol, el director del hotel Kolovare seguro pasó su mirada por Luka Modric varias veces a lo largo del día. Curiosamente, también sabía de fútbol, y además de su trabajo en el Kolovare se ganaba algún dinero trabajando en el NK Zadar.
“Baja y vas a ver cómo juega un niño que lleva el día entero con la pelota en el parqueadero”, le dijo a Josip Bajlo, director del NK Zadar.
Su familia se trasladó a otro hotel, también convertido en centro para refugiados y mucho más cerca de las canchas del Zadar, equipo que decidió ficharlo para jugar en las inferiores. Por esa época jugar fútbol no era seguro. Caían cientos de granadas sobre Zadar al día. Bajlo decía que los bombardeos comenzaban a las seis de la mañana.

Sin agua ni luz durante dos años
Resaltaba entre los demás por ser el más pequeño del equipo de niños, por su brillante cabello rubio y por su silencio y timidez –rasgo constante en quienes se dedican a hacer magia o arte con el balón-.
En su equipo cabían todos los niños que quisieran jugar. Una estrategia del club para mantener alejados a los más pequeños de la guerra, o en su defecto, alejarlos del encierro que produce el peligro por una muerte que cae del cielo. Cuando sonaban las alarmas todos los niños corrían a refugiarse, y el primero en llegar seguro era considerado un héroe.
De niño su cuerpo se veía frágil. Nadie nunca creyó que se convertiría en un jugador profesional. Pero con el tiempo se fue forjando la leyenda. Luego, ya todo un adolescente, tuvo un entrenador exclusivo que le enseñó a dominar la técnica.
“El entendimiento del juego era innato”, dijo su entrenador personal.

Un equipo en su corazón
Fue a hacer pruebas al Hajduk Split, el equipo que lleva en el corazón. Como cualquier niño de la región de Dálmata soñaba con vestir esa camiseta. Pasó varias semanas en pruebas. Pero los veedores consideraron que por más técnica que tenía su cuerpo no daría los resultados esperados.
Pequeño, pero de corazón grande, siguió con el Zadar. Viajaba y jugaba torneos. En una grabación de esos momentos, se ve al pequeño de dientes grandes, con los ojos cerrados y la boca abierta, mientras viaja en un bus con sus compañeros.

Al Dinamo y luego a la grandeza
Pero llegaría el momento de jugar en primera. Su club de inferiores lo llevó al Dinamo Zagreb, donde quedaron impresionados, porque a pesar de su cuerpo delgado y su baja estatura tenía un poder escaso: saber leer el juego.
Ganó cinco títulos en tres años, uno de ellos gracias a un gol que le anotó al equipo de sus amores el Hajduk. El fútbol no sería igual si no existiera la revancha.
Luego pisó suelo inglés, y de ahí a brillar con el Real Madrid. Pero brillar no es lo mismo que entrar al salón dorado de la historia del fútbol. Quedó cerca en el Mundial de Rusia, donde su país terminó quedando como subcampeón, pero lo logró en lo individual, al destronar a Messi y a Ronaldo, que por 10 años consecutivos se alternaron el título, para coronarse él como el mejor jugador del mundo.

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